Se cumplen 20 años de la experiencia de la mesa del Diálogo Argentino

Se cumplen 20 años de la experiencia de la mesa del Diálogo Argentino

La Mesa del Diálogo Argentino, un espacio de concertación impulsado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) y la Iglesia Católica, era creada hace 20 años en los primeros días del gobierno provisional de Eduardo Duhalde, en lo que constituyó un ámbito clave para encaminar la crisis tras el estallido social de 2001 que desencadenó la renuncia de Fernando de la Rúa.

Varios meses antes de que llegara el reclamo popular del "Que se vayan todos" y la seguidilla de cinco presidentes en dos semanas, la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) ya advertía a mediados de 2001 sobre una crisis generalizada que afectaba los vínculos sociales y la necesidad de gestos y renunciamientos por parte de la dirigencia en general y de la clase política en particular, que nunca llegaron.
Un diagnóstico similar tenía por entonces el diplomático español, Carmelo Angulo Barturen, quien llegó al país en abril de ese año como representante residente del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) en Argentina.

El diplomático se transformó meses después en el promotor y coordinador –junto con la Iglesia- de la mesa de diálogo, inaugurada en enero de 2002 durante el gobierno de transición de Duhalde.

"Fue lo más intenso y gratificante que hice en mi vida de la diplomacia internacional: el mero hecho de sentar a tanta gente y llegar a acuerdos, aunque algunos luego no pudieron hacerse efectivos. Me siento argentino en el fondo, estuve siete años allí y aquello forma parte de mi vida", recuerda veinte años después Angulo, en diálogo con Télam vía Zoom desde su casa en Toledo.
 

Sobre La Mesa del Diálogo Argentino


Más de un centenar de reuniones, 1700 personas involucradas de todos los ámbitos –el poder Ejecutivo y Legislativo, representantes del mundo empresarial, gremial y social, organizaciones de la sociedad civil y las distintas confesiones religiosas-, sedes en Buenos Aires, Rosario, Córdoba y Mendoza: la mesa del Diálogo Argentino se constituyó en un escenario novedoso para la cultura argentina, rupturista y ya agrietada.

Como hecho fundacional del Diálogo Argentino y en el preludio del estallido, el Pnud y la Iglesia convocaron el 19 de diciembre de 2001 a una reunión en la sede de la organización católica Cáritas, ubicada en Balcarce 236, a pocas cuadras de la Plaza de Mayo, con el entonces obispo de San Isidro, Jorge Casaretto como anfitrión.

"Asistieron todos los líderes nacionales, empresarios, gobernadores. Y por sorpresa llegó el presidente De la Rúa con su jefe de Gabinete, Cristian Colombo, pero abandonó la reunión a los pocos minutos y ahí empezó todo", rememora Angulo sobre el inicio de los incidentes que desembocaron en una feroz represión, que terminó con muertos y heridos en todo el país.

"Tuvimos cierto miedo dentro de la sede de Cáritas. La masa estaba enardecida cuando salió el Presidente. En la reunión había consenso en torno a la necesidad de implementar medidas inmediatas como un cambio económico, pero no se consiguió cerrar un acuerdo y se desencadenó un proceso más dramático", recuerda el diplomático.
 

Crisis y estallido social: diciembre 2001


Lo que pasó en las horas siguientes es bien recordado por todos: las protestas populares, que incluyeron saqueos y cacerolazos, se fueron extendiendo por todo el país, con epicentro en la Plaza de Mayo, y fueron seguidas de una salvaje represión ordenada por el Estado, lo que terminó con la vida de 39 personas.

Después de esas dos jornadas violentas, y tras el alejamiento de De la Rúa del poder, Angulo se fue a pasar fin de año a Bolivia, de donde es oriunda su mujer, pero un llamado del entonces arzobispo de Buenos Aires y cardenal primado de la Argentina, Jorge Bergoglio, cambiaría sus planes.


"Me pidió que fuera a verlo de forma urgente, junto a José Ignacio López. Así que me tomé una avioneta desde la selva boliviana y fuimos al arzobispado porteño", relata sobre el encuentro con el hoy papa Francisco y el exvocero de Raúl Alfonsín y luego del Diálogo Argentino.

"Nos recibió en ropa de sport y una llave enorme. Cuando le preguntamos cómo era posible que él mismo bajara a abrirnos la puerta, nos dijo una frase que siempre recuerdo: 'Si un cardenal no está para abrir puertas, no está para nada'", dice sobre las simbólicas palabras de Bergoglio.
 

"Mi Gobierno asume hoy la responsabilidad de conducir el diálogo y de reafirmar la unión nacional. El resultado de esta labor será el plan de acción de este nuevo momento de la Argentina"Eduardo Duhalde



En un verano ajetreado en el país, el 14 de enero de 2002 fue el día elegido para el lanzamiento formal de la mesa de Diálogo Argentino, que se desarrolló en el histórico patio del monasterio de Santa Catalina, en el barrio porteño de Retiro.

Los obispos Casaretto, Juan Carlos Maccarone, Ramón Staffolani; los representantes del Gobierno nacional Juan Pablo Cafiero, Antonio Cafiero y José María Díaz Bancalari; los laicos Cristina Calvo y Justo Carbajales; y los representantes del Pnud, Barturen y Carlos Sersale, entre otros, estaban entre los integrantes del comité directivo y coordinador del diálogo, que continuó sus reuniones durante todo ese verano.

El presidente Eduardo Duhalde encabezó el lanzamiento y fue el encargado de presentarlo: "Mi Gobierno asume hoy la responsabilidad de conducir el diálogo y de reafirmar la unión nacional. El resultado de esta labor será el plan de acción de este nuevo momento de la Argentina".
 

"La mesa del Diálogo Argentino tuvo mucho peso político y parlamentario"Carmelo Angulo Barturen



A esa presentación formal, le siguieron semanas de reuniones tras reuniones entre los diversos sectores del quehacer nacional, que sirvieron para apaciguar los ánimos en la sociedad, que venía caldeada por los eventos de diciembre.

"Fue un esfuerzo titánico, gigantesco. Al principio tuvimos mucho apoyo del estamento político. La mesa del Diálogo Argentino tuvo mucho peso político y parlamentario. Al inicio tuvimos una especie de carta verde pero cuando la situación se empezó a recuperar un poco, se abrieron los bancos y se recuperó cierta normalidad, fue decayendo un poco", recuerda con pesar.

Se conformaron cinco comisiones –socio-laboral-productiva, salud, educación, reforma política y reforma de la justicia- y, tras meses de deliberaciones, se presentó un documento final titulado "Bases para las reformas: principales consensos", que luego fue sometido a un proceso de participación y adhesión que se realizó en el Cabildo de Buenos Aires.

"Había un compromiso del estamento político de recoger las conclusiones y trasladarlas a proyectos de ley, cosa que no se concretó", se lamenta el diplomático español.

Sin embargo, uno de los logros de ese espacio de diálogo que consiguió transformarse en una política pública del gobierno de Duhalde fue el Plan Jefes y Jefas de Hogar que, años más tarde, tendría su continuación en la Asignación Universal por Hijo (AUH).

"El Plan Jefes y Jefas de Hogar fue un gran proyecto, uno de los grandes programas sociales de Latinoamérica, que llegó a tres millones de personas a través de una tarjeta de débito, que logró aliviar la tensión de los grupos vulnerables y tranquilizar los ánimos sociales", recuerda Angulo.

A modo de balance, dice: "Como ejercicio de diálogo fue de los mejores organizados y con mayor respaldo en América Latina, pero a veces las cosas se olvidan y se pasa la página muy pronto".

"Los mensajes quedaron pero a medio concretar. Luego, se abrió una época de recuperación de la economía y de cierta normalidad, y se fue perdiendo un poco el espíritu con el que se había creado la iniciativa", concluye sobre el espacio de diálogo que se constituyó en un valioso aporte para salir de la crisis de 2001.