Rodolfo Walsh, la pluma inquebrantable

Rodolfo Walsh, la pluma inquebrantable

 

El 9 de enero de 1927 nació Rodolfo Walsh en Pueblo Nuevo de la Colonia de Choele-Choel (hoy Lamarque), en la provincia de Río Negro. De ascendencia irlandesa, en 1941 llegó a Buenos Aires para realizar sus estudios secundarios en dos colegios religiosos. Años más tarde comenzó la carrera de Letras en la Universidad de La Plata, que luego abandonó para trabajar en diversos oficios.

A los 17 años, se volcó al rubro editorial como corrector de la editorial Hachette. Tiempo después, empuñó la pluma de escritor publicando varios artículos y cuentos en algunos medios de Buenos Aires y La Plata. Desde entonces desarrolló su pasión literaria editando Variaciones en rojo (1953), Diez cuentos policiales argentinos (1953), Operación Masacre (1957), Quién mató a Rosendo (1969) y El caso Satanowsky (1973). Además, los cuentos Los oficios terrestres (1965), Un kilo de oro (1967) y Un oscuro día de justicia (1973); y las obras de teatro La granada y La batalla (1965). En 1977 dio a conocer su célebre Carta abierta a la Junta Militar, que le valió su secuestro y posterior asesinato.

Como parte de su militancia política, en 1959 Rodolfo Walsh viajó a Cuba donde fundó la agencia Prensa Latina junto Jorge Masetti, Rogelio García Lupo y Gabriel García Márquez. Al regresar a la Argentina trabajó en la revista Panorama y fundó el semanario de la CGT de los Argentinos que dirigió entre 1969 a 1970. En ese momento Walsh se sumó al Peronismo de Base, brazo político de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) y luego de su disolución pasó a ser parte de Montoneros.

Durante 1972 escribió en el Semanario Villero y un año más tarde integró el diario Noticias compartiendo la oficina de redacción con Horacio Verbitsky, Paco Urondo, Juan Gelman y Miguel Bonasso. En esa época también participó de la adaptación al cine de Operación Masacre dirigida por Jorge Cedrón.

En 1974 Walsh comenzó a tener diferencias con la dirigencia del movimiento por la decisión de pasar a la clandestinidad. Ante la censura a la prensa por parte de las Fuerzas Armadas, a través del Proceso de Reorganización Nacional, en 1976 Rodolfo Walsh junto a otros militantes y periodistas creó la Agencia de Noticias Clandestinas (ANCLA) que emitió más de doscientos cables que circularon de mano en mano.

Walsh en primera persona

A lo largo de su carrera, en varias oportunidades Rodolfo Walsh abandonó la silla de periodista para pasar a ser un simple entrevistado. Uno de esos reportajes, que lo logró su colega Ricardo Piglia en 1970, fue incluido más en el prólogo del cuento Un oscuro día de justicia.

En el principio de la entrevista Rodolfo Walsh es consultado acerca de la relación entre cuento y novela: “Pareciera que el mayor desafío que se le presenta hoy por hoy a un escritor de ficción es la novela. Yo no sé de dónde viene esto, por qué esa exigencia y por qué la novela tiene una categoría artística superior. Aunque hay excepciones, a Borges por supuesto nadie le pide una novela. Sobre esto yo he pensado cosas muy contradictorias, según mis estados de ánimo, o en fin, cosas distintas en distintas épocas. Me he formado dentro de esa concepción de las categorías artísticas y me resulta difícil convencerme de que la novela no es en el fondo una forma artística superior. De ahí que viva ambicionando tener el tiempo para escribir una novela. Parto del presupuesto de que hay que dedicarle más tiempo, más atención y más cuidado que a cualquier otra forma de escritura”.

Respecto a la comparación de Un oscuro día de justicia con el resto de la serie de cuentos, Walsh señala: “Hay una cierta evolución en la serie, en ese cuento aparece una nota política, la primera más expresamente política, porque había una connotación política en todos los otros pero mucho más simbólica e inconsciente. En este cuento se empieza a hablar del pueblo y de sus expectativas de salvación que están representadas por un héroe. Un héroe que es externo y que por admirable que sea supone confiar en un salvador, no depositar las expectativas en sí mismo”.

Sobre su receso en la producción de obras policiales, el autor dijo: “Abandoné el género hace años ya, aunque de vez en cuando se me ocurra situaciones que podrían servir de germen a una trama policial. A veces pienso que de todas las historias posibles, las menos posibles entre nosotros parecen ser aquellas en que el "inspector" recoge del suelo una cigarrera, dice: ‘Ah’, telefonea al laboratorio, viene el juez, se lleva al asesino y lo condena a 20 años. Yo también he escrito historias así, pero ahí está la crónica diaria para revelar que las pruebas no significan nada, que se puede opinar sobre una pericia y que de todas maneras el asesino sale el mes que viene”.

En cuanto al contraste entre la ficción y la no ficción, Walsh sostiene: “En el plano personal he vivido durante años ese vaivén entre el testimonio y la ficción. Creo que se oponen frontalmente y a la vez creo que se realimentan mutuamente. Para mí son vasos comunicantes, paso de uno a otro, continuamente. La cuestión es una cuestión de jerarquías estéticas y de criterios sociales. La novela es considerada el punto más alto del arte narrativo y el relato documental aparece como un arte pobre”.

Otra de las entrevistas que rescatan la personalidad de Rodolfo Walsh, fue la que le otorgó a la Revista UPEC también en 1970 en Cuba cuando participó como jurado de los Premios Testimonio otorgado por Casa de las Américas. Allí le preguntaron sobre su opinión respecto al género testimonial y su incorporación en esa premiación: “En 1968 fui uno de los que recomendó que se agregara dicho género. Los resultados han justificado la institución del Premio por la elevada calidad literaria, la actualidad de los temas y la trascendencia política y social de las obras presentadas. El género Testimonio es fundamental en su realidad actual, recoge de manera directa el presente que se está gestando en el mundo”.

También se le preguntó acerca de los puntos de contacto entre el periodismo y la literatura: “Si procediéramos empíricamente veríamos que gran cantidad de escritores notables son periodistas y que gran cantidad de escritores notables no son periodistas y jamás lo serán, pero entre los escritores hay una mayoría que proviene del periodismo. Es indudable que la literatura de Ernest Hemingway, por ejemplo, está íntimamente entroncada con su actividad y su capacidad como periodista profesional, en su estilo mismo, tan estético, tan visual en su observación exterior que se puede rastrear su primera profesión: periodista. Yo diría que hay zona de contacto, una literatura que tiene una vinculación estrecha demostrable con el periodismo, así como hay otro que no. No podríamos establecer ningún punto de contacto con el periodismo que nace y muere con la noticia. Hay otro periodismo de mayor investigación que hurga más en los aspectos humanos a través del testimonio directo con el pueblo. Entiendo que a este tipo de periodismo decirle literatura o no estriba en un problema de costumbre”.

Al abordar la situación del periodismo cubano en ese entonces, Walsh argumentó: “Yo creo que, indudablemente, hay que establecer una diferencia fundamental entre el periodismo que se realiza en Cuba y el periodismo que se ejerce en el resto de América Latina. Cuba es una sociedad en revolución, un país socialista. Las causas que el periodismo cubano defiende son de verdad justas. Son las causas de la Revolución. No obstante tengo algunos reparos. Creo que la valoración de las noticias no es siempre la más correcta, la más adecuada. Pienso que a veces se destacan titulares en una noticia que no tiene importancia, y en cambio, quizás en cuatro líneas está la verdadera noticia de la información. Esa es la observación mayor que tendría que hacer. Calibrar verdaderamente la importancia de la información”.

Rodolfo Walsh, el periodista y escritor que supo comprometerse con la palabra hasta su muerte, dejando un legado para la posteridad.