LA EDUCACIÓN QUE NECESITAMOS "Dra. Ana María T. Pardo".

LA EDUCACIÓN QUE NECESITAMOS  "Dra. Ana María T. Pardo".

La evaluación siempre es un tema complicado, independientemente del ámbito del que se trate, ya sean evaluaciones de desempeño laboral o educativo.
Las evaluaciones de ingreso a las universidades tienen una larga trayectoria y siempre son noticias que dan cuenta de los niveles que alcanzan los estudiantes, de acuerdo a criterios de calidad en el punto de arranque. También aportan datos importantes sobre las carreras que son más elegidas por los aspirantes y su relación con las necesidades de profesionales en el mercado laboral.
Argentina viene transitando una larga trayectoria en materia de evaluaciones de conocimientos de los niveles primario fundamentalmente, y también, secundario. Mucho es lo que se escribe y se dice al respecto, sobre todo en los medios de comunicación, aunque poco es lo que termina siendo un aporte en la discusión cotidiana del quehacer docente, tanto en los niveles que se aplica, como en las casas de altos estudios de formación de formadores. 
El primero de diciembre se aplicó la prueba del operativo ‘Aprender’, a una muestra de terceros y sextos grados que abarca todo el país. El mismo corresponde a un Estudio Regional Comparativo y Explicativo (ERCE) que desarrolla la UNESCO. Los resultados que Argentina viene obteniendo son preocupantes y con ello, comienzan nuevamente las disyuntivas sobre distintos aspectos, que muchas veces no están ajenos a intereses sectoriales. Situándonos en que la educación pública, inclusiva y de calidad es el modelo que defiende el país desde su normativa y, sobre todo, por consenso popular- con solamente pequeñas expresiones desafortunadas en contra-, situaré la discusión en la evaluación propiamente dicha.
El debate sobre el Estudio Regional Comparativo y Explicativo se da, fundamentalmente, sobre tres grandes temas que pretenden explicar linealmente la relación entre la calidad educativa y la inversión, en función del aporte del PBI para educación; el carácter estandarizado del operativo y en qué medida los aprendizajes de lengua, matemática y ciencias evaluados, son significativos.  
En primer lugar, el docente debe ser una persona bien formada y comprometida con su crecimiento y desarrollo profesional a lo largo de toda su carrera. Evidentemente, esto requiere recursos para la actualización, para el consumo cultural y para su tranquilidad personal y familiar. Mucho es lo que hacen los docentes argentinos, en donde encontramos aquellos que son referentes sociales y otros que apenas pueden cumplir con sus obligaciones diarias, dividiéndose en partes para contribuir a su economía familiar. Lo cierto es que la remuneración no es acorde a las exigencias de un profesional del ámbito del pensamiento y de la práctica docente, razón por la cual, es una profesión poco atractiva, centrada casi exclusivamente en la vocación, casi un apostolado.
Algo que puso en evidencia la pandemia fue la demanda del uso de las tecnologías, adicionando erogaciones que no están contempladas en el salario de manera real, al igual que el tiempo que implica el teletrabajo. Asimismo, es cada vez más notoria la falta de docentes en las escuelas, con cursos superpoblados y áreas fundamentales sin profesionales para el acompañamiento de las trayectorias estudiantiles. Todo ello se suma a la situación edilicia y de equipamientos, siempre carente. De manera que, en materia de presupuesto, el porcentaje destinado para el financiamiento de la educación es insuficiente y eso redunda en la calidad de la educación. 
En segundo lugar, las críticas a las evaluaciones de contenidos con metodología estandarizada, se centra fundamentalmente en que no contempla el contexto o la situación de arranque de los estudiantes, es cierto. Como también es cierto que se focalizan sobre conocimientos prioritarios que deben dominar todos los estudiantes que pertenecen a esos niveles en cualquier lugar del país, independientemente de las circunstancias. Es decir que los dominios de conocimientos para los que hay que preparar a los estudiantes y, en este caso se los evalúa, deberían ser unívocos para cualquier estudiante, de cualquier lugar del país. De manera que los resultados que arrojan las evaluaciones son importantes para la toma de decisiones que impliquen la mejora. Si no fuese así, entonces no podríamos pensar en una educación de calidad para todos.
En tercer término, y no por esto el último en importancia, se refiere a los resultados que arrojan las pruebas en las áreas de lengua, matemática y ciencias. Los mismos son vitales para establecer estrategias de mejora de los procesos de enseñanza y de aprendizaje. Las evaluaciones de este tipo no son meros hallazgos para el aporte al conocimiento de las ciencias de la educación, ni para regodearse con alegrías ni frustraciones, según el caso. Sino que se trata de establecer mecanismos de lectura y de reflexión para luego conducir las decisiones en materia de política educativa, insisto, siempre para la mejora.
Por último, agrego que la educación es una conjugación de ciencias, artes, creatividad y valores sumamente compleja y dinámica, que siempre requiere ajustes y más, con la vertiginosidad con que se dan los cambios sociales en las últimas décadas. Por ello, ninguno de los temas que la atraviesan pueden ser tratados como únicas variables que la afectan. Aunque es claro que todas y cada una, deben ser coherentes y trabajadas en pos de una educación de calidad e inclusiva, para las nuevas generaciones de argentinos que necesita nuestra Patria.